Manuscrito braille del <i>Concierto de Aranjuez</i> © Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo
Manuscrito braille del Concierto de Aranjuez
© Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo

Es la composición más famosa que ha dado España. Sobrepasa a cualquier otro concierto de guitarra, y tiene un lugar entre los mejores conciertos de todos los instrumentos. Le ha dado a su creador un puesto entre la nobleza del país. Sin embargo, las circunstancias del nacimiento del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, fueron de todo menos propicias.

A finales de 1938, cuando Rodrigo se embarcó en la composición de la pieza, España se encontraba aún en una agonizante Guerra Civil. Vivía en París con su querida esposa, copista y posteriormente editora y biógrafa, la pianista Victoria Kamhi, y la situación económica de la pareja era terrible. Las condiciones invernales eran durísimas –12 a 15 grados bajo cero– y solo estaban bien acurrucados alrededor de su vieja estufa: es posible que esto propiciara el aborto que sufrió Victoria y una factura de hospital que solo pudieron pagar tras vender su amado piano Pleyel. No sería hasta el siguiente septiembre, justo antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando Rodrigo pudo volver a España, llevando la valiosa partitura en su equipaje, a ocupar un puesto estable en Radio Nacional de España.

El guitarrista Regino Sáinz de la Maza (derecha) con la familia Rodrigo © Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo
El guitarrista Regino Sáinz de la Maza (derecha) con la familia Rodrigo
© Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo

El concierto fue concebido en Septiembre de 1938, justo dos días antes del Pacto de Múnich entre Hitler y Chamberlain, durante una animada comida en San Sebastián, en donde los Rodrigo habían parado en su regreso a París. Organizada por el aficionado y patrón de la música el Marqués de Bolarque, estaba también invitado el guitarrista Regino Sáinz de la Maza. Las fuentes difieren acerca de si fue Bolarque o Sáinz quien sugirió que Rodrigo debía escribir un concierto para Sáinz, pero todo el mundo afirma que el vino era excelente y abundante, y que los tres hombres parecían entusiasmados con la idea. Más tarde, el entusiasmo dio paso a la duda: se habían escrito conciertos para guitarra en el Clasicismo, por Mauro Giuliani, pero no tenían muy claro que un concierto para guitarra y orquesta moderna fuera siquiera factible. Rodrigo estaba confiado, sin embargo, hasta incluso la noche antes del estreno en 1940, cuando compositor y guitarrista durmieron en el mismo compartimento del tren a Barcelona, a Sáinz le asaltó el temor de que su instrumento no se oiría, y ninguno de los dos durmió. Al final, el estreno fue un auténtico éxito, aún así, colegas de Rodrigo, con buena intención, le recomendaron que arreglara el concierto para piano, ya que era tan difícil que nadie, salvo Sáinz, podría tocarlo (tras la guerra, el joven Narciso Yepes, con 20 años, fue el primero de muchos guitarristas que demostró cuan equivocados estaban).

Pregunten a diez personas qué hace del Concierto de Aranjuez tan especial y obtendrán diez respuestas diferentes. Podríamos empezar por la descripción de Graham Wade del mismo como “una declaración maravillosamente coherente, rica en colorido local y llena de expresiones musicales de muchas clases”. Tres cosas, en cualquier caso, tienden a ser mencionadas por todos. Primero, la música es visualmente vívida en extremo: no puedes escucharla sin que te evoque imágenes en la cabeza. Segundo, el tema del Adagio –junto a la manera en la que se desarrolla– es desgarrador. Y finalmente, el concierto rezuma españolidad.

El baúl que Rodrigo trajo a España y en el que trajo el manuscrito © Por cortesía de la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo
El baúl que Rodrigo trajo a España y en el que trajo el manuscrito
© Por cortesía de la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo

Miloš Karadaglić, quien ha tocado la pieza tanto como cualquier otro guitarrista de los últimos años, le cautiva el optimismo puro del primer movimiento y su atractivo visual, con su evocación de los jardines del palacio real. “Es una gozada tocarlo, porque está lleno de acentos y staccatos, escalas y rasgueos; es como si escucharas muchos elementos de la naturaleza. Cuando trabajo con orquestas y directores, lo primero que digo es que hay que imaginarse una tarde de verdadero calor y el sonido de los grillos y de los pájaros, en cada una de las notas que tiene. En la textura de la escritura, saca un sentimiento tan maravilloso que puedes olerlo.”

El atractivo visual resulta especialmente raro por el hecho de que el compositor había sido ciego desde los tres años (escribía sus obra en braille). A lo que hay que añadir que el objeto del concierto debe más a la imaginación del compositor que a la realidad. Rodrigo tenía en mente el Aranjuez de los Borbones del siglo XVIII, con sus majas, toreros, descrito en su mejor época como “un palacio encantador… pájaros cantando por todas partes, el dulce murmullo de las aguas, las trepadoras cargadas de frutas deliciosas y los macizos llenos de flores olorosas”. Cuando Rodrigo y Victoria visitaron Aranjuez en los años treinta, el lugar había perdido mucho.

Joaquín Rodrigo en Salzburgo © Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo
Joaquín Rodrigo en Salzburgo
© Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo

En cuanto al extraordinario tema del Adagio, Rodrigo relató distintas historias a diferentes personas acerca de su origen. Victoria escribe que lo compuso en una noche en la que no podía dormir por el dolor de haber perdido a su hijo y trataba de evocar el amor por ella y los felices días de su luna de miel. En otra parte, Rodrigo comentó que la melodía le vino a la cabeza completamente formada mientras estaba en su estudio del barrio latino de París. A un compañero le explicó que “se me ocurrió mientras esperaba un tranvía”. Cualquiera - si es que alguna - que sea verdad, indudablemente es una melodía que te hace explorar las profundidades de tu alma. “Hay una relación mágica de intervalos ahí”, explica Miloš, y señala la inusual y maravillosamente efectiva manera en la que el Adagio está construido: “el corno inglés presenta el tema, y entonces lo toma la guitarra, lo adorna y lo lleva a otro nivel. Es una manera muy inteligente de hacerlo porque el corno inglés tiene ese sonido tan increíblemente expresivo”.

Rodrigo inyectó españolidad en la partitura conscientemente, empezando por la guitarra en sí misma, y su esencia de flamenco y ritmos de danza, como medio principal para conseguirlo. Años más tarde describió su pensamiento:

Decir “danza” es decir “ritmo”, y el ritmo en España es la guitarra. Pero ¿qué es exactamente la guitarra? Qué instrumento es el que los compositores en España escuchan en sus momentos de mayor intensidad? Es -como he dicho en ocasiones anteriores- un extraño instrumento, gigante, multiforme y fantástico, un instrumento que tiene la cola de un piano, las alas de un arpa y el alma, de hecho, de una guitarra. Este fantasma, esta sonoridad imposible creada por la imaginación del músico español es lo que inspira nuestra música.

Joaquín Rodrigo y Victoria Kamhi © Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo
Joaquín Rodrigo y Victoria Kamhi
© Courtesy of the Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo

¿Cuál es la clave de una buena interpretación del Concierto de Aranjuez? Para Miloš, el solista tiene que ir un poco más allá, llegar al límite de lo que es posible en la guitarra. “El segundo movimiento depende completamente de uno, del solista, y es el momento de oro. Este no me preocupa. Pero en el primer y tercer movimiento, la escritura para la guitarra es muy fina en textura, así que es muy difícil encontrar el equilibrio con la orquesta y el director. Si la orquesta toca demasiado suave, no hay energía. Si tocan demasiado alto, no tiene sentido, porque no se oye la guitarra. Hay muy, muy pocos directores que sepan cómo hacerlo.”

Quizás lo mejor sea dejar la última palabra al compositor sobre la obra que le dio el título de primer Marqués de los Jardines de Aranjuez (texto facilitado por la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo):

Pero injusto sería pedirle fuerza a este Concierto, y en vano se esperaría de él grandes sonoridades; esto sería tanto como falsear su concepción y bastardear el instrumento hecho de sutiles vaguedades. Su fuerza se ha buscado en la ligereza y la intensidad en los contrastes. Como se ha dicho, el Concierto de Aranjuez, síntesis de lo clásico y lo popular de forma y sentimiento, suena escondido bajo las frondas del parque que rodea el Palacio barroco y sólo quiere ser ágil como una mariposa y ceñido como en una verónica.

 

Fuentes:

  • Joaquín Rodrigo : Voice & vision : selected writings on music / translated by Raymond Calcraft and Elizabeth Matthews. Bath: CMC, Brown Dog Books, 2016.
  • Victoria Kamhi, De la mano de Joaquín Rodrigo : historia de nuestra vida. Madrid : Fundación Banco Exterior, 1986.
  • Graham Wade, Joaquín Rodrigo and the Concierto de Aranjuez. Leeds: Mayflower Enterprises, 1985.
  • Graham Wade, The Truth About Rodrigo's 'Concierto de Aranjuez'. Classical Guitar Magazine, 15th July 2015
  • Author's interview with Miloš Karadaglić, with kind thanks, August 2018 

Traducido del inglés por Katia de Miguel