Nos aferramos los madrileños a nuestros conciertos, y aún el mismo día en que se establece un toque de queda, vamos los que podemos al Auditorio, respetando, eso sí, los horarios y las distancias predeterminadas. En este orden de cosas, y tras unos meses de monotonía existencial, celebramos también las novedades que nos depara la Música, y de ahí reconocemos al Centro Nacional de Difusión Musical el acierto de invitar al Collegium 1704, que no se prodiga mucho por nuestras lindes. También aplaudimos que la formación nos ofrezca un programa inhabitual y que nos permita fascinarnos con la Missa Omnium sanctorum de Zelenka, sin duda un nombre que a muchos les parecerá nuevo, y a otros no muy familiar. No nos consta que esta inolvidable misa se haya interpretado antes en España, con lo que, además, estaríamos ante el estreno de una obra que se compuso en 1741, y ante una formación que es experta en este repertorio.

El conjunto vocal e instrumental Collegium 1704 © Centro Nacional de Difusón Musical (CNDM) | Elvira Megías
El conjunto vocal e instrumental Collegium 1704
© Centro Nacional de Difusón Musical (CNDM) | Elvira Megías

El concierto se inició, no obstante, con el Magnificat, BWV243 de Bach, tras un intervalo dedicado a unificar cuerda por cuerda la afinación del conjunto. Nos llamó la atención que la solemnidad que le es propia a esta partitura estuviese comandada más bien por la elección de un tempo en general bastante vivo, y no tanto por la irrupción ciclópea de timbales y trompetas. En efecto, los compases iniciales procuraron una intervención comedida de estos solistas, de suerte que la proyección conjunta adquirió una homogeneidad comprensible, sin elementos sonoros descollantes. Así pudimos apreciar con claridad las líneas contrapuntísticas que se iban repartiendo el coro y la orquesta, propuestas con una articulación bien definida y un fraseo meticulosamente establecido.  

Esta atención tan detallada a la articulación y a la producción de conjunto se perpetuó asimismo en las demás partes del Magnificat, propiciando la sensación de que aún tratándose de intervenciones solistas, estas se manifestaron en perfecta unidad con las líneas melódicas de sus contrapuntos. Así, donde es habitual establecer una jerarquía entre quien canta y los instrumentos, se percibió un discurso contrapuntístico a varias voces, sin preponderancia de unas sobre otras. Quepan como ejemplo de esto el notable Esurientes, donde la mezzosoprano Kamila Mazalová se lució junto a las dos fantásticas traversos, el extraordinario Et misericordia que nos brindó un dueto absolutamente sobrecogedor, y el profundo Quia respexit con una Katharina Andres al oboe sencillamente inolvidable.

El Collegium 1704 durante el concierto en el Auditorio Nacional © Centro Nacional de Difusón Musical (CNDM) | Elvira Megías
El Collegium 1704 durante el concierto en el Auditorio Nacional
© Centro Nacional de Difusón Musical (CNDM) | Elvira Megías

Satisfechos todos con la interpretación del Magnificat de Bach comenzaron a sonar los inquietantes primeros compases de la misa de Zelenka, un Kyrie eleison severo y autoritario, con un coro enérgico y cohesionado y unas cuerdas violentas que se desplazaban en escalas descendentes y arpegios agresivamente marcados. Un sonido potente y abrumador para este inicio de apenas un minuto, defendiendo que esta obra de autor poco conocido podía medírselas con el Magnificat de Bach sin hacer reverencias al maestro.

Claro que también nos dio la impresión de que el Collegium 1704 sentía una mayor identificación con esta segunda obra que con la primera. Se le vio a la formación más proclive a ejercer una mayor autoridad sonora, y al director Václav Luks notablemente más entregado en una dirección no muy económica en gestualidad pero sí muy eficiente en el resultado. Y es que la misa parece requerir una dirección intensa, a juzgar por los pasajes rigurosos, el enrevesado contrapunto, los continuos contrastes de tempo y carácter, y los brillantes ejercicios rítmicos que se suceden por toda la obra, y que la formación resolvió sin contemplaciones. También los solistas vocales dejaron muestras de su compromiso con la partitura, permítasenos destacar la sobresaliente intervención del tenor Václav Čížek en el Agnus Dei.

Un programa, pues, brillante y novedoso, interpretado por un conjunto que es experto en este repertorio, y que, esperamos, haya abierto las puertas para que en nuestras salas se registren estrenos de obras de esta talla, y que han quedado en cierto modo relegadas en favor de otras más reconocidas de los grandes maestros. No parece difícil, con paladines de esta categoría.

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