Un viaje en el tiempo y por la geografía europea sin salir de Palacio, un viaje etéreo a través del sonido en el que el órgano Bosch y Bernard Foccroulle fueron mediadores material e intelectual respectivamente. Así se configuraba este concierto del XX Ciclo de Órgano de Patrimonio Nacional en la Capilla Real de Madrid. El organista belga imaginó un recorrido desde la Nápoles de Antonio Valente hasta la Viena de Brahms, a través de la multiplicidad de registros y combinaciones del fantástico instrumento que el Palacio Real posee.

El programa arrancaba con algunas piezas de la Intavolatura de cimbalo de Valente, de finales del siglo XVI, así como las variaciones de Frescobaldi sobre una de las piezas, la Bascia Flammignia. Este primer bloque ofreció los registros con sabor “a antiguo” del órgano: un sonido no demasiado potente, imitando el empaste de la cuerda frotada, con buenos contrastes tanto en lo rítmico como en lo tímbrico. De Roma nos fuimos a Amberes, con algunos versetos del Salve Regina de John Bull, donde Foccroulle sí estableció un sonido más grandilocuente, destacando bien la polifonía de las piezas con especial atención a las voces intermedias. Del conjunto de obras, destacó especialmente los dos tientos del sevillano Correa de Arauxo, el "39 de medio registro de tiple de quarto tono" y el "23 sobre la Batalla de Morales": meditativo, de gran densidad armónica en el registro medio, el primero, y más brillante, haciendo uso de la trompetería el segundo y desplegando el carácter más escénico del instrumento.

El bloque dedicado a François Couperin también se caracterizó por los contrastes: de las dos piezas de la Messe pour les Couvents, la primera, el Dialogue sur la Voix humaine, fue más íntima, buscando justamente la imitación de la voz humana, mientras que el Offertoire sur les Grands Jeux, fue más destellante y Foccroulle construyó la pieza con amplitud en el fraseo y generosidad en los registros. Con el coral Aus der Tiefe rufe ich (antiguamente atribuido a Johann Sebastian Bach, pero actualmente a su hijo Carl Philipp Emmanuel) entramos en el terreno germánico del instrumento. Aun con espacio para algunas notas de ligereza con las dos piezas de W. A. Mozart donde Foccroulle exploró el registro de la flauta travesera, particularidad técnica del órgano Bosch. En la línea del coral, el organista belga nos deleitó también con una de las piezas del opus póstumo 122 de Brahms, con su solemne serenidad, su respeto y homenaje a la tradición en los últimos años del siglo XIX.

Y como no podía ser de otra manera, Foccroulle cerró el concierto con J. S. Bach, memoria atemporal del instrumento, y la Fuga sobre el Magnificat BWV 733. Aquí se reunió y sintetizó lo que habíamos ya atestiguado previamente pero con una hondura que sólo el contrapunto bachiano puede dar. Escuchamos el instrumento en toda su majestuosidad, así como la notable inteligencia musical del intérprete, que bien se ha cimentado en la música de Bach durante muchos años: fue apabullante en plasmar la complejidad sonora, pero siempre con perfiles claros, con detalle en la exposición y transformaciones temáticas y al equilibrio estructural.
Se trató de un recorrido diverso y ejecutado desde la excelencia, que nos permitió conocer el instrumento de Patrimonio Nacional, así como un abanico de piezas y obras que bien reflejan la variedad de la música para órgano en Europa durante más de tres siglos. Como cuadros de una exposición, con un justo punto didáctico pero, sobre todo, dejando hablar a la materia musical.

















