Yuja Wang es sinónimo de sold out. Da igual en qué ciudad, en qué auditorio, con qué repertorio. La trayectoria de Wang está consolidada por una técnica impecable, un dominio de la partitura virtuosístico, con amplio conocimiento y versatilidad en los diferentes repertorios, entre otros motivos. Hay que ser rápido en la compra de entradas para poder disfrutarla. Como fenómeno internacional, su lenguaje estético también forma parte de su firma, aportándole una carácter singular: no fallan los vestidos coquetos y los tacones de vértigo. Unos de altura. Su simpatía genuina frente al público contrasta frontalmente con la profundidad de sus habilidades. La lectura ofrecida por Wang es siempre interesante en diferentes puntos; en el desarrollo de ritmos, texturas o dinámicas, la insuflan de una personalidad única. Su rol es el de solista, pero no lo parece. Su lenguaje se ubica en el equilibrio perfecto entre el instrumento y la orquesta: en medio de la masa sonora, traduce una sensibilidad translúcida, una expresividad cargada de frescura. Logra hacer algo tan complejo de una forma de apabullante sencillez, y ahí radica su excepcionalidad.

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Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchestra en el Palau de la Música
© Mario Wurzburger

Junto con la Mahler Chamber Orchestra, encabezada por una dirección magistral de Fabien Gabel, dio gala de un viaje de musicalidades y expresiones. El propio programa efectuaba una visión de su proyección profesional, unida intrínsecamente entre dos mundos; aunando tradición y modernidad, Wang interpela por su personalidad musical en un armazón constituido por la simbiosis del academicismo de sus inicios y su capacidad de ampliar nuevos lenguajes interpretativos, atestiguándolo en esta programación. Presentó un dominio lingüístico-musical historicista, con contrapeso estilístico con Ligeti y Chopin, dejando para la Mahler Chamber Orchestra el protagonismo interpretativo de Stravinsky y Mozart.

La orquestación de cámara formuló una ejecución centrada en subrayar los ritmos danzarines y en el espíritu fundamentalmente armónico de la Suite Pulcinella de Stravinsky. Gabel optó por una traducción histórica de la partitura, dando prioridad al brillo de la estructura formal, donde la incisión armónica predominaba en toda la obra, reafirmando con pulso su identidad. El Concierto para piano y orquesta de Ligeti que le seguía fue la primera representación de Wang; fundiéndose con una orquesta de acento camerístico, contrapuso su instrumento con un conjunto de ataques mecánicos, donde el juego de tensiones armónicas era el fundamento, haciendo un ejercicio de expansión de límites sonoros versionando la densidad de texturas orquestales frente al motor rítmico del piano.

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Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchestra
© Mario Wurzburger

Con el “Chaccone” y el “Pas seul” del Idomeneo de Mozart, siendo una de las piezas más emblemáticas para la orquesta, el conjunto llevó a cabo con elegancia la esencia teatral de la pieza. Destacó una efusividad coreográfica de Gabel, muy dinámico y enérgico, apoyado en la fluidez de los pasajes y los matices de las texturas, dando como resultado un balance efectivo entre claridad y cohesión con toques solemnes. Wang regresó al escenario para finalizar con el Concierto para piano núm. 1 de Chopin, desatacando el refinamiento expresivo de la intérprete, convirtiéndose en la voz lírica de todo el discurso y convocando la subjetividad que conlleva la propia alma de la pieza. En una lectura combinada con el acompañamiento y dirección de la orquesta, Wang desplegó todos los recursos en una virtud pianissima frente a la profundidad conductora del instrumento, formulando varios fraseos expansivos y románticos memorables.

Yuja Wang, Fabien Gabel y la Mahler Chamber Orchestra dieron una clase de virtuosismo interpretativo en la noche de ayer, con una propuesta reflexiva que orbitaba sobre la continuidad de la historia de la música a través de los años: un diálogo entre épocas reinterpretando las resonancias entre artistas. Una reinterpretación de altura.

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