Esta excelente producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid, que pone en escena el popular sainete de Ricardo de la Vega y Tomás Bretón, marca casi el punto y final del presente ciclo operístico insular con un guiño a la lírica española. Tanto la dirección escénica de Nuria Castejón como la musical de Víctor Pablo Pérez contribuyeron a un éxito rotundo en una evocadora velada de aires castizos enmarcados en una sofocante noche de estío madrileño.

<i>La verbena de la Paloma</i> en el Auditorio de Tenerife &copy; Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
La verbena de la Paloma en el Auditorio de Tenerife
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

De esta obra merece predicarse que si bien no ofrece mayores exigencias en el orden vocal, el reparto destacó por su entrega y calidad. Nos gustó la prestación del Julián de César San Martín, de profunda y timbrada voz de barítono, quien supo resaltar los momentos más emotivos de su papel: desde los iracundos exabruptos contra sus celos “mal reprimidos” a sus confesiones de dolor y cariño por su novia Susana, encarnada por Carmen Romeu. Amparo Navarro, como Señá Rita, pese a sus ocasionales intervenciones, dio muestra de su apreciable contribución a una función excelente, con un más que correcto acompañamiento vocal y una sobresaliente actuación actoral. En este plano, merece destacarse a Antoni Comas, quien dió vida al icónico Don Hilarión, pleno de gracia y saber hacer sobre las tablas, quien con gran elegancia y fabulosa presencia en escena nos brindó los mejores momentos de la tarde. Impagables sus insinuaciones a sus supuestas novias, y su pánico ante los encuentros con Julián, a riego de ser simplemente abofeteado. Don Sebastián, a cargo de Gerardo López, resultó de gran profesionalidad. El característico cuadro flamenco de la cantaora Sara Salado devino en una euforia sevillano-madrileña bien construida y de señeros instantes. El resto del extenso elenco desarrolló sus breves intervenciones con igual eficacia y solvencia tanto vocal como escénica, especialmente en los números de conjunto en el marco de la eficaz escenografía de Nicolás Boni. Es de agradecer la senda abierta en pos de la mayor difusión de este género, cuyas joyas merecen una mayor presencia en la programación habitual de cualquier recinto teatral, como en el presente caso.

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Escena de <i>La verbena de la Paloma</i> &copy; Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
Escena de La verbena de la Paloma
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

El Coro Intermezzo bajo la pauta de Miguel Ángel Arqued hizo valer sus voces y movimientos en escena con su buen hacer habitual, aderezando con gracia y elegancia los conjuntos más festivos. En la dirección musical, Víctor Pablo Pérez reiteró su conexión y entendimiento con la Orquesta Sinfónica de Tenerife concertando desde el foso conjunto y escena con seguridad y destreza, regalando la chispa y el encanto que pide La verbena, objetivo que se alcanzó con gran brillantez. Ofreció una interpretación plena de matices y en la que debemos resaltar la impagable presencia de las secciones de cuerda y madera. Fue una tarde, sin duda, inspirada, donde cabe destacar el buen trabajo en equipo y comunión entre todos los participantes.

La Verbena fue precedida por la pieza Adiós Apolo, de Álvaro Tato. Un homenaje al denominado género chico y al desaparecido teatro donde precisamente fue estrenado este sainete, intercalando piezas de otras obras allí estrenadas, como El pobre Valbuena, El año pasado por agua, La Gran Vía o El sobre verde, entre otras. La breve introducción sirvió como un eficaz preludio de la posterior obra principal, sirviendo de marco cronológico y estilístico de enorme interés didáctico.

En suma, una propuesta acertada y exitosa, que esperemos se repita en el futuro con otros títulos de zarzuela, que pueden convivir con la habitual oferta operística.

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