Dos monumentos musicales nos reservaba Pablo González para la clausura de temporada: el Concierto para violín en re mayor, op. 81 de Beethoven con la intervención de Frank Peter Zimmermann, y la deliciosa Sinfonía núm. 4 de Mahler, adornada con la voz de Jone Martínez, un repertorio que le va como anillo al dedo a nuestro actual director invitado. Este exhibió sus mejores artes a la batuta para deleitar a un público cada vez más entregado, sin duda un merecido reconocimiento por las veladas que nos está brindando, y las venideras, pues ya se ha anunciado su continuidad para el próximo ciclo, una gran noticia para la vida cultural de la isla.

Frank Peter Zimmermann, Pablo González y la Orquesta Sinfónica de Tenerife © Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
Frank Peter Zimmermann, Pablo González y la Orquesta Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
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Del Concierto para violín de Beethoven que ocupó la primera parte, estrenado en Viena en 1806, está estructurado en los tradicionales tres movimientos y su interpretación exige unos máximos cánones de virtuosismo y complicación técnica marcados por una belleza serena. Fue encarado por Zimmermann en una suerte de perfecta comunión y diálogo con la orquesta que se dejó ya manifestar en el inicial Allegro ma non troppo, desarrollado con enorme pulcritud y eficacia bajo las atentas instrucciones de la batuta titular. El consiguiente Larghetto permitió exhibir al solista las razones de su amplio reconocimiento internacional, exhibiendo un dominio técnico de su instrumento y una dotes virtuosísticas provocadoras de gran emoción y recogimiento. Las filigranas de la cadenza con sus delicados pinanissimi inundaron la sala transportando la misma a evocaciones celestiales, envueltas en un clima de serenidad y lirismo. Y sin solución de continuidad el final Rondo allegro culminó la pieza con su atrevida exaltación servida con gran seguridad y sobrados medios técnicos. Insistimos en destacar la total coordinación de violín y orquesta que convirtieron en hacer parecer fácil lo complejo.

Jone Martínez, Pablo González y la Orquesta Sinfónica de Tenerife © Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
Jone Martínez, Pablo González y la Orquesta Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Para la despedida de esta temporada Pablo González dirigió la Sinfonía núm. 4, de Mahler, estrenada en 1901, donde incorpora nuevamente la voz humana como un instrumento más en su movimiento final, un canto a la alegría de misteriosas reminiscencias y plena toda ella de un lirismo y motivos pastorales francamente inusuales en el autor. La obra principia con un “Prudente, sin acelerar” de carácter bucólico y descuidado adecuadamente ejecutado en un marco de cuidado trabajo musical. “Cómodamente impulsivo, sin prisa” reza el segundo movimiento, y de ello hizo Pablo González una realidad, resaltando los motivos más íntimos y sugerentes en perfecta combinación con las habituales explosiones sonoras de Mahler sumamente medidas en su intensidad, cualidades que se reprodujeron en el “Tranquilo, poco Adagio”. El final “Muy cómodo” contó con la intervención de la soprano Jone Martínez, protagonista absoluta de la culminación que supone este canto celestial trufado de santos y vírgenes a la que prestó su bonita voz en una tesitura muy cómoda para la misma, impregnando sabiamente su parte del recogimiento y dulzura que requiere.

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En suma, un brillante cierre de temporada donde resultaría atrevido destacar a ninguna de las secciones de la Orquesta Sinfónica de Tenerife por el logro colectivo obtenido, pero no tanto ensalzar el trabajo de Pablo González, que logró que las obras de Beethoven y Mahler sonaran auténticas e idiomáticas, logrando esas respectivas patinas sonoras que los hacen inconfundibles e inmortales.

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