El concierto abría con una elección muy interesante, propuesta por el director Jaume Santonja: el breve motete Ave verum, escrito por María de Pablos durante su etapa de estudiante en el Conservatorio de Música de Madrid y que le valió, junto a su poema sinfónico Castilla, el primer premio de composición. Estrenado con éxito en el Teatro Cómico de Madrid en 1927, fue rescatado del olvido el año pasado en la 42 edición de la Semana de Música Sacra de Segovia, su ciudad natal. Una obra melodiosa e íntima, interpretada con delicadeza por la Orquesta y Coro Nacionales. Las intervenciones del tenor solista Xabier Pascual, integrante del CNE, y del organista Daniel Oyarzabal, siguieron esta misma línea.
El motete fue un buen preludio a otra obra de juventud, el Oratorio de Navidad de Camille Saint-Saëns, estrenado en 1858. Esta cantata, que no se programa habitualmente en España, también huye del dramatismo y propone un acercamiento al tema generalmente apacible, tono marcado desde el comienzo con el diálogo entre órgano y cuerdas. Los cinco solistas, miembros todos ellos del coro, cumplieron con amplia solvencia. Destacaron Paloma Friedhoff y Álvaro de Pablo en el dúo “Benedictus”, el vuelo y los agudos claros y precisos de la soprano resaltados sobre la base sólida del barítono y el acompañamiento de órgano y arpa, tocada esta por Camille Levecque. El coro, preparado por Miguel Ángel García Cañamero, también ofreció momentos de gran calidad, como el bello acompañamiento de las voces femeninas al tenor lírico de Eduardo López en “Domine, ego credidi” o la página inusualmente intensa y agitada “Quare fremuerunt gentes?”.
Concluía el concierto con una interpretación muy disfrutable de la popular Sinfonía núm. 3 en do menor, para orquesta y órgano, de Saint-Saëns. Santonja mantuvo la tensión con muy buen pulso y controló bien la intensidad sonora de la gran orquesta. Aunque el célebre pasaje de piano a cuatro manos del Maestoso quedó algo empañado por un órgano demasiado presente, el Allegro final tuvo toda la fuerza deseable. Si Saint-Saëns volcó en esta sinfonía referencias a su larga, variada y exitosa carrera, la de María de Pablos nunca llegó a despegar, a pesar de sus prometedores comienzos: tras pasar por la Real Academia de España en Roma y estudiar con Nadia Boulanger y Paul Dukas en París, abandonó pronto la composición y en 1940 fue recluida en una institución psiquiátrica en Carabanchel, donde pasó el resto de su vida. Es de agradecer que la OCNE le diese difusión a su obra en tan buenas condiciones.

