Dentro del marco del festival Barcelona Obertura, la Balthasar Neumann Chor & Orchestra y Lionel Sow, encargado de su dirección, hicieron de este concierto en el Palau de la Música un acto canónico y de celebración a la expresión litúrgica musical; la voz constituyó la totalidad del protagonismo del programa, planteando un viaje coral entre más de cinco siglos, aunando los diferentes puntos de vista sobre la espiritualidad en la música hasta nuestros días. Una integridad que un pequeño conjunto orquestal llevó a cabo con precisión, con un virtuoso equilibrio entre miradas y formas llevadas por la batuta experimentada de Sow, siendo un ejemplo más de su internacionalidad y distinción en el panorama orquestal y coral europeo. Un repertorio formado por Palestrina, Donati y Bruckner que planteó escénicamente la vigencia interpretativa y contextual de las piezas sacras en la actualidad.

A cuatro voces a capella, el Sicut cervus de Palestrina fue la pieza que abrió el programa; la formación recreó el estilo polifónico y formal de uno de los principales compositores del Renacimiento, equilibrando el contrapunto y la textura ondulante del motete con el carácter contemplativo esencial de la pieza. Sow guió la polifonía que introducían los motivos musicales, contraponiendo las líneas melódicas y las armonías modales en un tratamiento que cuidaba la fluidez. Un juego vocal que se dio a través de las entradas imitativas constantes, equilibrándose entre disonancias y tensiones armónicas.
Misa sine nomine incluyó ya parte del conjunto orquestal, al reinterpretarse el arreglo instrumental que J. S. Bach compuso para esta obra cumbre de Palestrina; reforzadas las líneas vocales con este soporte armónico de bajo continuo y de estética barroca, un coro de seis voces llevó a cabo la contraposición entre la homofonía y la polifonía de la pieza, que Sow reforzó con una dirección que resaltaba los bloques y el dinamismo rítmico. El conjunto ejecutó un contraste expresivo a través de un lenguaje armónico a base de contrastes expansivos, densidad melódica y carácter contemplativo.

Como final de la primera parte de este concierto, la Balthasar Neumann Chor & Orchestra interpretó una relectura de Lorenzo Donati del Sicut cervus; el coro se desplegó por toda la platea del auditorio para escenificar el motete contemporáneo. Con un tratamiento más denso en las texturas vocales, la trascendentalidad fue recreada con una armonía más extendida en acordes y en el tratamiento expresivo, con el uso de agrupaciones sonoras que alternaban efectos y resonancias a través de la voz. La dirección se centró en la suavidad del desarrollo, extendido, y en la superposición de capas vocales que generaban los contrastes tímbricos.
Del pleno Renacimiento a la contemporaneidad, se cerraba el programa con la Missa núm. 2 en mi menor de Bruckner: un salto al romanticismo sacro en una combinación entre la polifonía clásica y el sinfonismo alemán. Abstracción y monumentalidad enmarcaban todas las partes de la obra, donde la dirección de Sow enfatizó las modulaciones y la evocación de la polifonía renacentista. Una orquestación exclusivamente de viento se conjugaba con un coro mixto, transitando por diferentes expresiones; de la amplitud contrapuntística del Kyrie al contrapunto homofónico del Gloria, pasando al ritmo enérgico y contrastado del Credo, a la doble coral y júbilo del Sanctus, hasta desembocar en un Agnus protagonizado por las dinámicas suaves y de resolución tonal meditativa. Significantemente introspectivo, el ejercicio de Sow quiso valorar la superposición de líneas, modulaciones y cromatismos. Hecho que, acompañado de las demás muestras que acontecieron durante el concierto, confirmó la calidad de este conjunto orquestal y coro, recibiendo ovaciones finales en el auditorio.

















