Las cuerdas fueron las grandes protagonistas del concierto que la Orquesta Sinfónica de Navarra ofreció el pasado viernes el en Baluarte. Bajo la batuta del británico Rumon Gamba y acompañadas por el guitarrista australiano Craig Ogden, la OSN ofreció un inspirado programa de música del s. XX.

El guitarrista Craig Ogden © www.craigogden.com
El guitarrista Craig Ogden
© www.craigogden.com

La Introducción y alegro, op.47 de Elgar, llevada a cabo con precisión e intensidad, abrió la velada. La dirección de Gamba no solo dio mayor brío y brillo a la composición, sino que logró destacar el estilo característico del compositor inglés. El cuarteto solista y el resto de los músicos actuaron en perfecta armonía, siendo por eso artífices de una brisa sonora que inundó la sala. Emocionantes los crescendi en los que violines, violas y violonchelos se sumaban los unos a los otros, repitiendo la misma melodía. Y desde luego, impactante el pizzicato conclusivo: un cierre tan determinante que el propio director reflejaba con su posición estática.

La entrada en escena del guitarrista Craig Ogden supuso la integración de la OSN por un pequeño número de instrumentos de viento. Como por sorpresa, el Concierto para guitarra de Malcolm transformó el Baluarte en una gran pantalla en la que se siguieron, en rápida secuencia, escenarios de películas de género diferente: desde la de aventura hasta la romántica, desde la de amor pasional hasta la policiaca. La ejecución del segundo movimiento generó una tensión palpable en la sala, gracias al efecto de suspense creado por el glissando de los violines o los solos de la flauta. Por su parte Ogden demostró no solo dominar la técnica de la guitarra, sino también una profunda sensibilidad que pareció ir emparejada con la dirección muy personal y sentida de Gamba.

En la segunda parte del concierto, la OSN volvía al escenario casi al completo para interpretar la Sinfonía núm. 5 de Vaughan Williams. El clima de concentración que la dirección de Gamba expandió por la sala. El dramatismo y la exaltación emotiva, generado por los instrumentos de cuerdas y amplificado por las percusiones, se expandió de inmediato en la sala como una caricia cálida que invitó a los asistentes a abandonarse a ella. El contrapunto de los instrumentos de viento, que parecieron tomar la revancha por su ausencia en la parte anterior del concierto, contribuyó a aumentar la emotividad de la ejecución. Oboes y clarinetes jugaron, al respecto, su papel de protagonista de manera excelente.

El rigor que caracteriza la forma de tocar de la OSN, así como la hierática dirección de Gamba y el acertado programa, hicieron del décimo ciclo de conciertos una atractiva e interesante velada, que nos dejó un buen sabor de boca.